Café por la mañana


Me convencí de ese labial apasionado, decimos si a la falda corta, esa que marca más de lo que deseamos, pero muestra justo hasta donde queremos. Me fascine del alisado sobre las ondas que me estresaban por las mañanas, dije si al esmalte más caro, ese que mejor me hace ver las manos. Me convencí de ese vestido que me hace sentir mejor, dije si a la lencería por muy cara que sea, me convencí todos los días de la necesidad de esos pequeños propósitos para sentirme mejor. Un día apurada olvidé el labial, de tanto esconder descuidé mis ojeras y no recordé lavarme la cara apenas me desperté, con los días la lencería quedó tendida en el suelo, mis uñas se despintaron quedando al descubierto mis manos de nena pequeña. Preparaba el café aun con aquellos rulos caóticos delatando que recién me despertaba, y en un domingo sin el jean que más me destacaba, pude ver como continuaba viéndome con aquella mirada con cariño que dejaba entrever todo su amor, el mismo amor que me tenía a mí misma sin necesidad de todos aquellos artilugios, era el mismo amor que había encontrado en él.

1 comentario:

Marta dijo...

ME ENCANTA!!!!! ^^