Dejar que duela


A veces quise ser alta en las calles, a veces pequeña en la ciudad. A veces quisiera saber cuál es el momento en que un sitio se torna triste, poder ver el momento justo cuando todo se quiebra. O tal vez saber el punto exacto donde todo se derrumbó, porque simplemente con nada en viejas fotos parecía ser feliz, mientras que hoy las cosas rotas se convirtieron en corazones partidos que, a diferencia, una y otra vez abracé con mis manos hasta que sí se volvieron a unir. Finalmente llorar cuando, entre tonos grises, ya no hay palabras y abundan lágrimas, se volvió para las voces una escena de drama evitable, como sí no fuera necesario el mal momento para poder apreciar la felicidad. No le permitimos lugar a la angustia, no dejamos ver la herida, cuando al igual que el amor, aunque intentemos no demostrarlo, el dolor se percibe. Simplemente en críticas algunos se olvidan de vivir, sí es que alguna vez se pudo llamar vivir a guardar emociones, a continuar los días en una insípida rutina sin sentido, tal vez en otra vida, pero en esta no quiero escuchar lo que tengan para decir.

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