Inertĭa


"Como por inercia", dije, fascinada con esa palabra. Puede entenderse como la resistencia al cambio, o como la representación de continuar, de forma genuina, en un modo en el que ya permanecías. Con esta ley que todo lo rige nos encontramos en el flujo constante de quienes huimos y quienes volvemos, porque el alma lo exige y puedo jurar que es cierto. Se vuelve una fuerza involuntaria la que nos empuja a irnos, y otra más fuerte es aquella que nos impulsa a volver a donde amamos, a dónde lograba sentir hasta debajo de las millas de piel que me recubren. Pero que error inmenso creer que esto es pereza, cuando es la naturaleza. Todo trata de ir, de llegar, y tal vez como quién más lo quiera negar, todo se trata de reincidir, de volver incluso pisando los mismos pasos por donde nos fuimos, con la esperanza de recuperar el lugar donde solíamos estar, aunque esté bien claro que no sea el mismo el tiempo ni el espacio. Mil veces dije que eras aquel lugar del que no podía irme, y por inercia necesitaba volver una y otra vez. Sin necesidad de una fuerza que te devuelve a un sitio, a diferencia, es el amor aquello que me restituye a mi lugar. Aunque la física niegue el reposo, juro que a tu lado existe y es ese mi lugar.

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