Mujer


Su madre le enseñó un día a caminar, con la esperanza de que tomara todo lo lindo de este universo para conspirar a su favor como impulso. Como niña pequeña que se sienta con sus piernas abiertas de par en par, fue acostumbrándose a que así no se sientan las nenas, que esas palabras no deben salir de su boca, que el enojo y la ira son cosas que debía reservarse para ella, que esa no es forma de vestirse. Su madre sabía muy bien de los infortunios que tuvo que vivir, no tuvo herramientas que brindarle más que sus propias vivencias. Puedo asegurar que todo lo dedicó por esta pequeña a quién le brindó el mundo a sus pies, le estiró las alas y le demostró en que dirección debía volar. El miedo era una posibilidad, y fue una certeza en tanto abismo. El universo no estaba dispuesto para semejante esplendor, cercenaron su inocencia, no le permitieron deslumbrarse. Nunca toleraron que estuviera segura de sí misma, se cercioraron así de que no fuera una amenaza, fue boicoteada por cada persona que cruzó en sus pasos. Se cansó de la represión, se sentó de la forma que quiso, maldijo a todos exponiendo todo su enojo, se vistió como se le antojó, pero ya no era apta para este universo, nunca tuvo la paz que deseó. Si ser quemada en la hoguera era el precio de su libertad, sabia que ya había ardido en el propio infierno cada día de su vida, y nunca seria semejante.

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